La caza del Gömböc

El matemático húngaro Gábor Domokos ha invertido diez años en la caza de un platónico huevo de Pascua. Además de muchos cálculos, la empresa le exigió recoger y clasificar miles de guijarros con la ayuda de su mujer durante unas vacaciones en las islas griegas, lo cual no se corresponde a primera vista con la idea de una escapada romántica, aunque como él mismo dice en la entrevista que le hacen en Plus Podcast, un matrimonio que sobrevive a eso puede considerarse indestructible. La empresa le llevó también a examinar caparazones de tortugas de especies muy diversas, en zoológicos y tiendas de mascotas repartidas por Hungría, y esta fase de la investigación tampoco estuvo exenta de riesgos, ya que su experimento consistía en darles la vuelta a los pobres animalitos y observar cómo volvían a ponerse panza abajo; esto sólo podía hacerse a escondidas porque suponía un trato cruel que los cuidadores de las tortugas no estaban dispuestos a permitir. El estrés que sufrieron su mujer y los pobres animalitos no fue en vano y el Gömböc acabó apareciendo; podéis admirar sus formas armoniosas en esta página web, e incluso encargar uno: es el pisapapeles más geek de la historia, y el que más ha costado diseñar con diferencia.
El Gömböc es un cuerpo convexo, de densidad constante, con exactamente dos puntos de equilibrio: uno estable y uno inestable. (Esto se puede entender mejor si pensáis en un elipsoide con los tres ejes distintos, que tiene dos puntos de equilibrio estables y cuatro inestables.) Muchos pensaban que este objeto no era posible hasta que Domokos y un colega despejaron todas las dudas construyéndolo; para dejar mejor constancia de su existencia tendrían que haberlo presentado dándole una patada, como otra piedra que Samuel Johnson hizo famosa siglos atrás. Si le hacéis eso al Gömböc, al caer se las arreglará para volver a colocarse sobre su único punto de equilibrio estable, independientemente de cómo haya aterrizado. Y ahí se quedará, y ahí acabará volviendo cada vez que intentéis darle la vuelta, como una tortuga pero sin rastro de estrés.

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El matemático húngaro Gábor Domokos ha invertido diez años en la caza de un platónico huevo de Pascua. Además de hacer muchos cálculos, esta empresa le exigió recoger y clasificar miles de guijarros con la ayuda de su mujer durante unas vacaciones en las islas griegas, lo cual no se corresponde a primera vista con la idea de una escapada romántica, aunque como él mismo dice en la entrevista que le hacen en Plus Podcast, un matrimonio que sobrevive a eso puede considerarse indestructible. La empresa le llevó también a examinar caparazones de tortugas de especies muy diversas, en zoológicos y tiendas de mascotas repartidas por Hungría, y esta fase de la investigación tampoco estuvo exenta de riesgos, ya que su experimento consistía en darles la vuelta y observar cómo volvían a ponerse panza abajo; esto sólo podía hacerse a escondidas porque suponía un trato cruel que los cuidadores de las tortugas no estaban dispuestos a permitir. El estrés que sufrieron su mujer y los pobres animalitos no fue en vano y el Gömböc acabó apareciendo; podéis admirar sus formas armoniosas en esta página web, e incluso encargar uno: es el pisapapeles más geek de la historia, y el que más ha costado diseñar con diferencia.

El Gömböc es un cuerpo convexo, de densidad constante, con exactamente dos puntos de equilibrio: uno estable y uno inestable. (Esto se puede entender mejor si pensáis en un elipsoide con los tres ejes distintos, que tiene dos puntos de equilibrio estables y cuatro inestables.) Muchos pensaban que este objeto no era posible hasta que Domokos y un colega despejaron todas las dudas construyéndolo; para dejar mejor constancia de su existencia tendrían que haberlo presentado dándole una patada, como otra piedra que Samuel Johnson hizo famosa siglos atrás. Si le hacéis eso al Gömböc, al caer se las arreglará para volver a colocarse sobre su único punto de equilibrio estable, independientemente de cómo haya aterrizado. Y ahí se quedará, y ahí acabará volviendo cada vez que intentéis darle la vuelta, como una tortuga pero implacablemente y sin muestras de estrés.

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