La problemática del vampiro adolescente suburbano en Suecia

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Seguro que no es una coincidencia: dos estrenos casi consecutivos de historias de amor adolescente entre un vampiro y un humano con problemas de integración escolar. Pero ésta es delicada, turbadora y transgresora; la otra era básicamente ñoña. Y es que domesticar a un vampiro no tiene perdón. La niña de Déjame entrar es un vampiro con todas las de la ley, con toda su tragedia y su fascinación a cuestas. Y la película es un milagro en el que las miradas desazonan más que las amputaciones.