Señal y ruido

¿Os acordáis de aquel cuento de Borges en el que se describía una biblioteca que contenía todos los libros posibles? Vamos, que en algún estante está el Quijote, en otro estante remoto el Quijote con la palabra adarga escrita con hache, en otro un Quijote sin faltas de ortografía pero con una abducción extraterrestre hacia el final… Ese cuento se escribió décadas antes de la digitalización masiva de los contenidos, y si lo leéis ahora sustituyendo mentalmente la palabra “biblioteca” por “Internet” seguramente no podréis evitar un escalofrío.

Me acordé de este cuento el otro día, repasando el blog de Brian Hayes, en una entrada sobre esas páginas web que son versiones contrahechas de sitios auténticos. Seguramente os habréis tropezado con una de ellas en algún momento; el contenido es ininteligible pero parece claro que se han generado a partir de un texto recortado de Internet, sustituyendo muchas palabras por sinónimos sin tener el cuenta el contexto, o haciendo traducciones automáticas de ida y vuelta. Me pregunto qué porcentaje de blogs vivos en Blogger o en WordPress están realmente escritos por humanos, y si ese porcentaje está bajando poco a poco. Por ahora parece que la cosa no pasa de una curiosidad, pero puede estar cerca el día en el que el spam llene nuestra página de resultados de Google o (todavía peor) en que los algoritmos que generan estos contenidos falsos se perfeccionen hasta el punto de que sea difícil distinguir el legítimo. Como decía Borges, “Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?”

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