
Seguro que no es una coincidencia: dos estrenos casi consecutivos de historias de amor adolescente entre un vampiro y un humano con problemas de integración escolar. Pero ésta es delicada, turbadora y transgresora; la otra era básicamente ñoña. Y es que domesticar a un vampiro no tiene perdón. La niña de Déjame entrar es un vampiro con todas las de la ley, con toda su tragedia y su fascinación a cuestas. Y la película es un milagro en el que las miradas desazonan más que las amputaciones.

1 comentario
Julio 14, 2009 a las 10:47 pm
amo la pelicula!!
la e visto y no m cansa!!!!
mucho sentimiento y amor del bueno…