La mayor parte de vosotros vivís ignorando esto, pero existen millones de mundos paralelos al nuestro. En uno de ellos la tecnología ha llegado al nivel de principios de nuestro siglo veinte, la Iglesia es el mayor poder global, y el alma de cada persona está alojada en un animal que le acompaña a todas partes. En otro, los espectros han invadido la tierra y convierten a los adultos en una especie de zombies insensibles, pero son incapaces de atacar a los niños, que vagan por las ciudades abandonadas buscando comida y refugio. Existen ventanas entre esos mundos pero sólo unas cuantas personas las han atravesado, entre ellas una niña que según una profecía de la que hablan las brujas, tiene reservado un papel fundamental en el desenlace de este misterio cósmico.
No me negaréis que como religión alternativa es mucho más interesante que la Cienciología. Yo casi estoy convertido (sólo me queda leer el tercer tomo de la trilogía). No hace falta que me sigáis en ese camino pero no dejéis de leer estos libros, sobre todo si tenéis la suerte de no haber visto todavía La Brújula Dorada, no porque sea muy mala -que no lo es- sino porque estropea un poco la lectura de la novela, y no la sustituye ni de lejos. Os lo digo yo, que perdí un autobús por culpa de ese libro, y mis amigos tuvieron que conducir cuarenta kilómetros para venir a buscarme, y menos mal que lo hicieron porque podría haberme quedado toda la noche en la estación, leyendo como si me fuera la vida en ello.
(Y ahora un “disclaimer”: No soy un loco de las novelas de fantasía. Ni siquiera conseguí terminar la primera parte de El Señor de los Anillos.)


1 comentario
Abril 27, 2008 a las 4:56 pm
[...] judeocristiana. Nada menos que eso es la trilogía La Materia Oscura, de Philip Pullman, de la que ya os he hablado aquí. Pero también es una intensa novela de aventuras, llena de personajes memorables, una dura [...]